Parte 2. Una mujer misteriosa llega al condado: El objetivo era Clara

Publicado por emontero el

Capítulo V: El objetivo era Clara

Desirée comenzó entonces a atacar a Clara de una manera mucho más discreta.

Convenció a algunos comerciantes de que no le fiaran mercancías. Hizo circular rumores sobre la familia de Tomás y utilizó sus relaciones para convertir cada visita de Clara al pueblo en una experiencia humillante.

Clara intentó ignorarlo.

No quería contarle todo a su esposo porque sabía que Tomás podía reaccionar violentamente.

Una tarde, mientras Clara compraba harina, Desirée se acercó.

—¿Todavía crees que puedes conservarlo?

Clara levantó la mirada.

—No necesito conservar a nadie. Tomás está conmigo porque quiere estarlo.

La sonrisa de Desirée desapareció.

Clara se marchó sin decir nada más.

Aquella fue la primera vez que Desirée comprendió que Clara no era tan débil como había imaginado.

Por eso decidió atacar donde más doliera.

El hogar.

Capítulo VI: La oportunidad perfecta

A mediados de otoño llegó una noticia al rancho.

El padre de Tomás había enfermado gravemente en una pequeña propiedad situada en el condado vecino.

El viaje requería varios días.

Tomás no quería dejar sola a Clara, pero ella insistió.

—Es tu padre. Tienes que ir.

—Volveré lo antes posible.

—Lo sé.

Antes de partir, Tomás revisó cuidadosamente las puertas y ventanas.

—No abras a nadie.

Clara sonrió.

—No soy una niña.

—Lo sé. Pero prométemelo.

—Te lo prometo.

Tomás partió al amanecer.

Sin que él lo supiera, alguien observaba su partida desde la distancia.

Un hombre que trabajaba ocasionalmente para el hotel había informado a Desirée de la enfermedad del padre de Tomás.

Desirée entendió que aquella era la oportunidad que llevaba semanas esperando.

Esperó hasta el segundo día.

Después tomó un carruaje y salió de Blackwood.

Su destino era el rancho.

Capítulo VII: La puerta que nunca debió cruzar

Aquella tarde una tormenta de viento azotó el valle.

Clara estaba dentro de la casa asegurando las ventanas cuando escuchó el ruido de un carruaje.

Miró por una rendija.

Reconoció inmediatamente a Desirée.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

Desirée bajó del carruaje y caminó hasta el porche.

—¡Clara!

Clara no respondió.

—Sé que estás ahí.

Clara colocó el cerrojo.

—Váyase.

Desirée golpeó la puerta.

—Abre.

—No.

La sonrisa de Desirée desapareció.

—Tu esposo no está aquí.

Clara retrocedió.

—Precisamente por eso no pienso abrir.

Desirée golpeó nuevamente.

Esta vez con violencia.

El viejo marco de madera crujió.

Al tercer golpe, el cerrojo cedió y la puerta se abrió.

Desirée entró.

Clara retrocedió hacia la sala.

—Salga de mi casa.

—Esta casa es lo único que él tiene que todavía puedo quitarle.

Clara comprendió entonces que aquello ya no era una discusión.

Era una amenaza.

Capítulo VIII: La lucha

Desirée sacó una pequeña hoja que llevaba oculta entre sus ropas.

Clara intentó alcanzar la puerta, pero Desirée se interpuso.

La lucha comenzó.

La mesa cayó.

Una lámpara de aceite se estrelló contra el suelo.

Clara consiguió apartarse del primer ataque, pero recibió una herida en el brazo al intentar protegerse.

Retrocedió hasta la chimenea.

Desirée estaba fuera de control.

—¡Él me rechazó por ti!

Clara, respirando con dificultad, respondió:

—No. Te rechazó porque nunca te quiso.

Aquellas palabras hicieron que Desirée perdiera por completo el control.

Tomó una pesada herramienta de hierro de la chimenea y la levantó.

Clara cayó al suelo.

Durante un instante creyó que todo había terminado.

Pero entonces vio, junto al cajón donde Tomás guardaba la leña, la pequeña hachuela que utilizaba para cortar ramas.

Estaba a pocos centímetros de su mano.

Capítulo IX: El último error de Desirée

Desirée levantó el hierro.

Clara tomó la hachuela.

Cuando el golpe descendió, Clara se protegió instintivamente y consiguió apartar el ataque.

Después, en medio del forcejeo, golpeó a Desirée con la herramienta.

Desirée soltó el hierro y retrocedió.

La herida fue grave.

Cayó de rodillas.

Clara quedó inmóvil, aterrorizada por lo que acababa de ocurrir.

Desirée intentó levantarse, pero perdió las fuerzas y cayó al suelo.

Durante unos segundos, solamente se escuchó el viento golpeando las ventanas.

Clara estaba herida, agotada y cubierta de sangre.

Pero seguía viva.

La mujer que durante meses había sembrado miedo en Blackwood había cometido finalmente su peor error.

Había llevado su violencia hasta el único lugar donde no debía hacerlo:

el hogar de una mujer que ya no tenía nada que perder.

Capítulo X: La verdad sale a la luz

Clara logró salir al porche y pedir ayuda.

Un vecino la encontró poco después y corrió hasta el pueblo para avisar al sheriff.

Cuando llegaron al rancho, encontraron a Clara herida y a Desirée sin vida dentro de la casa.

La investigación reveló rápidamente que Clara había actuado en defensa propia.

La puerta había sido forzada desde el exterior.

Había señales claras de lucha.

Y la propia Desirée había llevado el arma con la que había iniciado el ataque.

No hubo dudas sobre lo ocurrido.

Días después, Tomás regresó.

Al ver a Clara herida, la abrazó con lágrimas en los ojos.

—Te dije que volvería pronto.

—Y volviste.

Tomás la sostuvo entre sus brazos.

—Nunca volveré a dejarte sola cuando haya peligro.

Clara sonrió débilmente.

—No necesito que me protejas de todo, Tomás. Solo necesito saber que siempre volverás a casa.

Con el paso de las semanas, las heridas de Clara comenzaron a sanar.

Tomás reparó la puerta, reconstruyó los muebles destrozados y volvió a levantar la pequeña cerca que rodeaba el rancho.

En Blackwood, la historia de Desirée quedó convertida en una advertencia.

Había llegado al pueblo creyendo que podía comprarlo todo: dinero, tierras, lealtades e incluso el corazón de un hombre.

Pero había cometido un error que terminó costándole la vida.

Confundió la bondad de Clara con debilidad.

Y cuando invadió aquel hogar, descubrió demasiado tarde que una persona puede soportar muchas humillaciones…

pero cuando alguien amenaza aquello que ama, incluso el corazón más pacífico puede encontrar el valor para defenderse.

Desde entonces, los habitantes de Blackwood recordaron una sencilla verdad:

el poder que se obtiene sembrando miedo nunca dura para siempre.

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