Se embriagó, besó al magnate por accidente y la atrevida respuesta de él la dejó sin aliento 😱❤️

RESUMEN BREVE: Laura llega al apartamento después de haber tomado unas copas de más, intentando ocultar su estado. Sin embargo, Gabriel, siempre observador y analítico, se da cuenta de inmediato. En medio de un tenso pero íntimo interrogatorio en el sofá, la cercanía les juega una mala pasada y terminan dándose un beso que rompe todas las barreras entre ellos. Cuando Laura intenta defenderse, Gabriel utiliza una lógica matemática impecable para demostrarle que ella «salió ganando» y que él, como un hombre de negocios justo, necesita devolverle el favor.
En el mundo de los negocios y los tratos de la alta sociedad, Gabriel siempre ha sido un hombre de reglas claras, frío y calculador. Su relación con Laura había estado marcada por la distancia profesional y una innegable tensión oculta que ninguno de los dos se atrevía a cruzar. Hasta que una noche de copas cambió las reglas del juego para siempre.
Todo comenzó cuando Laura llegó al lujoso apartamento tropezando ligeramente. Intentó mantener la compostura, pero el agudo instinto de Gabriel no perdonó.
El interrogatorio en el sofá
Al verla perder el equilibrio, Gabriel la atrapó rápidamente entre sus brazos, sentándola sobre su regazo en el sofá de la sala. La cercanía repentina hizo que el aire se volviera pesado.
—Gabriel, ¿qué estás haciendo? —preguntó Laura, nerviosa, intentando apartar la mirada. —¿Bebiste? —cuestionó él, sin rodeos, notando el inconfundible aliento a alcohol. —Unas copas… —murmuró ella, tapándose la boca con la mano, a la defensiva—. ¿Y eso te importa?
Gabriel, con esa confianza inquebrantable que lo caracteriza, no se tragó la excusa de las «pocas copas». Con una mirada intensa que la dejó paralizada, susurró: «No lo creo. Déjame probar».
Y sin previo aviso, la distancia entre ellos desapareció en un beso repentino que encendió la chispa que llevaban meses reprimiendo.
La matemática del amor
Cuando finalmente se separaron, respirando agitadamente, la confusión se apoderó de Laura.
—¿Por qué me besaste? —le reclamó, intentando recuperar el control de la situación. —Tú me besaste primero —respondió Gabriel con total tranquilidad. —Yo te besé un segundo… —Tú me besaste cinco —la interrumpió él, usando su clásica lógica implacable—. Saliste ganando.
Laura se quedó sin palabras. Aquel hombre de traje gris y actitud distante acababa de arrinconarla con un argumento irresistible. Con el corazón latiéndole a mil por hora, lo miró a los ojos.
—¿Y entonces? ¿Qué quieres? —desafió ella, con la respiración entrecortada.
Gabriel no lo dudó ni un milisegundo. Acercándose nuevamente, acortando el poco espacio que quedaba entre ellos, le dio la respuesta que desató la locura de los fanáticos del romance:
—Quiero devolverte el beso.
Y con esa simple pero arrolladora frase, Gabriel la envolvió nuevamente en sus brazos para un beso profundo y apasionado, dejando claro que su relación estrictamente profesional había terminado esa misma noche, y que estaba dispuesto a cobrar cada segundo de aquel accidente con intereses.
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