La princesa humill贸 al herrero para cancelar su boda: la letal predicci贸n del joven en la arena de combate dej贸 al rey temblando馃幀馃幀馃幀馃幀

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El Juramento de Holl铆n y Oro

Las pesadas puertas de roble del gran sal贸n del trono se cerraron con un estruendo que reson贸 como una campana f煤nebre sobre el m谩rmol pulido de Valde贸n. Carlos, un hombre cuyas manos llevaban el holl铆n y los callos de mil espadas forjadas, permaneci贸 inm贸vil ante el estrado elevado. En su pecho colgaba el sagrado medall贸n del 谩guila, un juramento de sangre sellado d茅cadas atr谩s por un rey ebrio y un guerrero leal. El rey Rodrigo observ贸 la reliquia con un asco visceral, mientras la princesa Graciela, la joya m谩s codiciada del reino, curvaba los labios con absoluta repugnancia. El monarca se neg贸 categ贸ricamente a honrar el antiguo pacto nupcial; en su lugar, arroj贸 una bolsa de terciopelo con cien monedas de oro a las botas gastadas del herrero, una limosna cruel para comprar su humillaci贸n. Graciela escupi贸 insultos ba帽ados en veneno aristocr谩tico, exigi茅ndole al campesino harapiento que tomara sus sobras y desapareciera de su vista antes de manchar su inmaculado linaje con su sola presencia.

El Juicio de la Arena

Carlos no se inmut贸. No se inclin贸 para recoger el oro, ni baj贸 la mirada ante la tiran铆a coronada. Su rostro se endureci贸, clavando sus oscuros ojos en el general Jaime, el h茅roe dorado del reino y pretendiente favorito de la princesa, quien luc铆a una brillante armadura de plata con la arrogancia de los intocables. Cuando el rey, buscando destruir a Carlos de forma definitiva, lo desafi贸 a sobrevivir a las letales pruebas de los Caballeros Reales en la gran arena, el joven herrero acept贸 con una calma que helaba la sangre. Horas m谩s tarde, las gradas del coliseo rug铆an con la sed de violencia de diez mil espectadores. Las inmensas rejas de hierro chirriaron al abrirse, liberando a un lobo gigante y monstruoso, una pesadilla de pelaje oscuro y fauces destrozadoras. Jaime, ansioso por reclamar la gloria y asegurar su lugar en el lecho real, baj贸 a la arena con su mandoble en alto, anticipando una victoria r谩pida para deslumbrar a la fr铆vola corte.

La Profec铆a de Sangre

Lejos del p谩nico, apoyado l谩nguidamente contra el parapeto de piedra del palco real, Carlos sac贸 una manzana roja de su jub贸n de cuero. El sonido crujiente de su primer mordisco cort贸 la densa tensi贸n del balc贸n como una navaja afilada. Con una frialdad absoluta, se gir贸 hacia la alterada princesa y pronunci贸 una profec铆a letal. Afirm贸 que el gigantesco caballero era demasiado lento, lastrado por el peso de su propio ego, y calcul贸 la inminente carnicer铆a con una precisi贸n cl铆nica y aterradora: el combate se alargar铆a exactamente cinco agonizantes minutos, y el engre铆do h茅roe perder铆a su brazo derecho. Graciela lo llam贸 loco, indignada por semejante insolencia.

Sin embargo, a medida que la arena de combate se te帽铆a de carmes铆, la bestia desmantel贸 sistem谩ticamente al intocable campe贸n real. Los v铆tores de la multitud se transformaron en alaridos de puro terror. Exactamente al cumplirse el quinto minuto, las mand铆bulas del lobo se cerraron con una fuerza demoledora, arrancando el brazo de Jaime de cuajo en una explosi贸n de brutalidad. El coliseo entero qued贸 sumido en un silencio sepulcral, roto 煤nicamente por los gritos de agon铆a del general. El rey Rodrigo se aferr贸 a los brazos de su trono, mortalmente p谩lido y sudando fr铆o, sin poder apartar la vista del humilde herrero que segu铆a masticando su manzana con total indiferencia. En ese preciso instante, el monarca comprendi贸 con un horror asfixiante que el supuesto campesino al que hab铆an humillado escond铆a la mente brillante, calculadora y despiadada de un monstruo letal capaz de someter a todo el reino a su voluntad.

驴Te gustar铆a que la pr贸xima parte de la historia explore la venganza t谩ctica de Carlos tomando el control del ej茅rcito, o prefieres que nos enfoquemos en la desesperaci贸n de la princesa al darse cuenta de su catastr贸fico error?

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