Cruzó la puerta y 10 hombres armados lo emboscaron sin imaginar la pesadilla que desatarían

Publicado por emontero el

Resumen breve:
Alex, un agente de operaciones encubiertas de las fuerzas internacionales, encabezó una misión solitaria para capturar a Tariq, el líder de una red extremista internacional oculto en una base subterránea blindada. Al abrir la puerta del sector central, Alex fue emboscado por diez mercenarios fuertemente armados. Con una velocidad de combate cuerpo a cuerpo formidable, el agente neutralizó a la totalidad de la guardia en menos de diez segundos para continuar su avance implacable hacia la bóveda del objetivo.


La misión que nadie quería aceptar

A las 02:17 de la madrugada, una tormenta eléctrica cubría las montañas del norte.

El viento golpeaba las rocas.

La lluvia caía con tanta fuerza que cualquier persona a varios metros de distancia habría tenido dificultades para distinguir una silueta.

Pero Alex estaba acostumbrado a trabajar en condiciones peores.

Se encontraba frente a una formación rocosa aparentemente normal.

No había puertas.

No había vehículos.

No había guardias visibles.

Solo piedra.

Sin embargo, debajo de aquella montaña existía una instalación que los servicios de inteligencia internacionales llevaban meses intentando localizar.

Una base subterránea.

Blindada.

Autónoma.

Y protegida por un sistema de seguridad considerado prácticamente imposible de penetrar.

Allí se escondía Tariq.

Un hombre buscado internacionalmente por dirigir una organización extremista responsable de múltiples atentados y operaciones clandestinas.

Las autoridades habían intentado localizarlo durante años.

Siempre desaparecía antes de ser capturado.

Pero esa noche algo había cambiado.

Una fuente había proporcionado las coordenadas exactas.

Y el tiempo era limitado.

Según la información obtenida, Tariq planeaba abandonar la instalación antes del amanecer.

Por eso habían enviado a Alex.

Solo.

Su comandante había intentado convencerlo de esperar al equipo de extracción.

—No sabemos qué hay dentro.

Alex había respondido:

—Por eso voy yo.

—Podrías estar entrando en una trampa.

—Probablemente.

—Entonces no vayas.

Alex había guardado silencio.

Después había dicho:

—Si Tariq sale de ahí, volveremos a tardar años en encontrarlo.

El comandante suspiró.

—¿Y si no regresas?

Alex se ajustó el comunicador.

—Entonces envíen a alguien que termine lo que empecé.

La comunicación se cortó.

Alex miró la montaña.

Luego introdujo un pequeño dispositivo en una grieta.

Se escuchó un sonido metálico.

La roca comenzó a separarse.

Detrás apareció una puerta de acero.

Alex entró.

La puerta se cerró.

Y la misión comenzó.


La fortaleza bajo tierra

El primer pasillo estaba completamente oscuro.

Alex avanzó lentamente.

No llevaba un arma visible.

Solo un traje táctico negro, guantes, un comunicador y varios dispositivos sujetos al cinturón.

La base estaba mucho más avanzada de lo que esperaban.

Sensores.

Cámaras.

Puertas blindadas.

Sistemas automáticos.

Alex llegó hasta una intersección.

Miró hacia la izquierda.

Nada.

Derecha.

Nada.

Continuó.

Un pequeño indicador apareció en su visor.

SECTOR A — LIBRE.

Siguió caminando.

Llegó a la primera puerta.

Colocó la mano sobre el panel.

La puerta se abrió.

Dentro encontró un pequeño puesto de seguridad.

Dos guardias.

Alex actuó antes de que pudieran reaccionar.

Un movimiento rápido.

Un golpe preciso.

El primero cayó.

El segundo intentó alcanzar una alarma.

Alex cruzó la habitación y lo detuvo.

Todo ocurrió en segundos.

No hubo disparos.

No hubo ruido.

Alex continuó.

Pero cuando llegó al siguiente corredor, se detuvo.

Había algo extraño.

Demasiado silencio.

Miró hacia arriba.

Una cámara estaba apuntándolo.

La luz roja parpadeó.

Alex sonrió ligeramente.

—Ya saben que estoy aquí.

Su comunicador emitió un sonido.

La voz del comandante llegó.

—Alex, acabamos de perder las cámaras del sector.

—Lo sé.

—¿Qué significa?

Alex miró hacia adelante.

—Que me están dejando avanzar.

Silencio.

—¿Estás seguro?

—Sí.

—Sal de ahí.

Alex continuó caminando.

—Demasiado tarde.


La puerta

Llegó al sector central.

Una enorme puerta blindada bloqueaba el paso.

Sobre ella había un símbolo que Alex no había visto en ninguno de los informes.

Un círculo negro atravesado por tres líneas.

Alex acercó el dispositivo de acceso.

La pantalla mostró:

ACCESO AUTORIZADO.

Alex frunció el ceño.

—Eso no debería estar pasando.

Su comandante escuchó.

—¿Qué ocurre?

—La puerta me reconoce.

—¿Cómo?

Alex no respondió.

La puerta comenzó a abrirse.

Muy lentamente.

Alex levantó la mano.

Respiró.

Y cruzó.

La puerta se cerró detrás de él.

Entonces se encendieron las luces.

Diez hombres aparecieron simultáneamente.

Estaban distribuidos por toda la sala.

Todos armados.

Todos apuntando hacia Alex.

El agente quedó completamente rodeado.

Una voz salió de los altavoces.

—Bienvenido.

Alex miró hacia arriba.

—Tariq.

Una carcajada resonó por la habitación.

—Sabía que vendrías.

Alex observó a los diez hombres.

—¿Diez?

—¿Qué?

—Esperaba más.

La risa desapareció.

El líder de los mercenarios hizo una señal.

—Disparen.


Diez segundos

El primer hombre levantó el arma.

Pero Alex ya se había movido.

Se lanzó hacia un lado justo cuando comenzaron los disparos.

Las balas golpearon el suelo.

Alex rodó.

Se incorporó detrás del primer mercenario.

Un movimiento rápido.

El hombre cayó.

Alex tomó su arma y la apartó.

Otro mercenario intentó atacarlo.

Alex esquivó.

Lo hizo caer.

El tercero avanzó.

Alex utilizó el impulso del atacante para enviarlo contra una pared.

El cuarto levantó su arma.

Alex se agachó.

El disparo pasó por encima.

Alex golpeó su brazo.

El arma cayó.

Quinto.

Sexto.

Séptimo.

Los hombres comenzaron a rodearlo.

Pero Alex no peleaba como un hombre normal.

Cada movimiento parecía calculado antes de que ocurriera.

No desperdiciaba energía.

No perseguía golpes.

No atacaba al azar.

Esperaba.

Observaba.

Y respondía.

El octavo hombre intentó sorprenderlo desde atrás.

Alex se giró antes de que llegara.

Lo derribó.

El noveno intentó bloquearle el paso.

Alex saltó sobre una mesa, giró en el aire y aterrizó detrás de él.

El último hombre retrocedió.

Miró a sus compañeros.

Todos estaban en el suelo.

Alex levantó la mirada.

El hombre comenzó a temblar.

—No…

Alex caminó hacia él.

El mercenario levantó las manos.

—¡Espera!

Alex se detuvo.

Miró el reloj.

Habían pasado nueve segundos.

El hombre preguntó:

—¿Quién eres?

Alex respondió:

—El hombre que ustedes estaban esperando.

El mercenario tragó saliva.

—¿Tú eres…?

Alex apagó las luces.

—Sí.

La habitación quedó completamente oscura.

Cuando volvieron a encenderse, los diez hombres estaban fuera de combate.

Alex seguía de pie.

Diez segundos.

Exactamente.


Pero aquella era solamente la primera trampa

Alex continuó hacia el siguiente corredor.

Su comunicador volvió a activarse.

—Alex.

—Te escucho.

—¿Qué acabas de hacer?

—Neutralicé la seguridad.

—Eso no era seguridad.

Alex se detuvo.

—¿Qué?

El comandante habló con voz seria.

—Acabamos de identificar los uniformes de esos hombres.

Alex miró a los mercenarios.

—¿Y?

—No eran mercenarios comunes.

—¿Quiénes eran?

Silencio.

—Eran miembros de una unidad especial que desapareció hace siete años.

Alex quedó inmóvil.

—Eso es imposible.

—Eso dijimos nosotros.

—¿Están vivos?

—Oficialmente murieron.

Alex observó a los hombres.

Uno de ellos comenzó a moverse.

Alex se acercó.

—¿Quién los reactivó?

El hombre sonrió.

—Tú.

Alex frunció el ceño.

—¿Qué dijiste?

El hombre cerró los ojos.

—No sabes lo que llevas dentro.

Alex se quedó inmóvil.

El mercenario dejó de hablar.

Había muerto.

No por una herida.

Por un dispositivo implantado.

Alex examinó el cuerpo.

Encontró una pequeña pieza metálica detrás de la oreja.

La retiró.

El comunicador emitió una alerta.

SEÑAL DESCONOCIDA DETECTADA.

Alex miró la pieza.

—Comandante.

—¿Sí?

—Creo que la misión acaba de cambiar.


La voz de Tariq

Los altavoces volvieron a activarse.

—Siempre fuiste rápido, Alex.

El agente levantó la mirada.

—Sal.

—Todavía no.

—Entonces iré por ti.

Tariq soltó una risa.

—No entiendes dónde estás.

—Estoy dentro de tu base.

—No.

La voz sonó diferente.

Más seria.

—Estás dentro de una máquina.

Alex miró las paredes.

—¿Qué máquina?

—Una que lleva siete años esperando tu llegada.

Alex frunció el ceño.

—¿Por qué?

Silencio.

Entonces Tariq respondió:

—Porque tú la activas.

Las luces comenzaron a cambiar.

Rojo.

Negro.

Rojo.

Una alarma empezó a sonar.

PROTOCOLO CERO ACTIVADO.

Alex miró su visor.

—¿Qué es esto?

El comandante respondió:

—Estamos detectando una enorme cantidad de energía debajo de tu posición.

Alex miró al suelo.

—¿Cuánta?

La respuesta tardó.

—No podemos medirla.

Alex quedó serio.

—Eso no me gusta.

—Alex, tienes que salir.

—¿Y Tariq?

—Olvídalo.

Alex negó.

—No.

—¡Es una orden!

Alex miró hacia el corredor.

—Entonces tendrás que arrestarme cuando vuelva.

Y continuó.


El corredor de las sombras

Alex avanzó por un túnel estrecho.

No había guardias.

No había cámaras.

Nada.

Eso era precisamente lo que le preocupaba.

Llegó a una puerta.

La abrió.

Encontró una enorme sala circular.

En el centro había una estructura metálica.

Parecía una cápsula.

Dentro había una persona.

Alex se acercó.

El vidrio estaba cubierto de condensación.

Limpió una pequeña parte.

Y vio un rostro.

Se quedó inmóvil.

Era él.

Alex retrocedió.

—No…

Miró nuevamente.

La persona dentro de la cápsula tenía exactamente su rostro.

La misma cicatriz.

La misma estructura corporal.

Incluso llevaba una versión idéntica de su uniforme.

El comunicador quedó en silencio.

—Comandante…

No hubo respuesta.

—¿Me escuchas?

Nada.

Alex observó la cápsula.

Había una pantalla.

SUJETO ALEX-02

Debajo:

ESTADO: DURMIENDO

Alex sintió un escalofrío.

—¿Qué demonios es esto?

Entonces escuchó una voz detrás.

—La respuesta que llevas toda tu vida buscando.

Alex se giró.

Tariq estaba allí.

Sin guardaespaldas.

Sin arma.

Completamente tranquilo.

Alex apuntó hacia él.

—Aléjate.

Tariq sonrió.

—¿Nunca te preguntaste por qué eres tan rápido?

Alex no respondió.

—¿Por qué puedes reaccionar antes que los demás?

Silencio.

—¿Por qué recuerdas cosas que nunca viviste?

Alex apretó el arma.

—Cállate.

Tariq señaló la cápsula.

—Porque no eres el primero.


El hombre que no sabía quién era

Alex miró nuevamente al sujeto dentro de la cápsula.

—¿Quién es?

Tariq respondió:

—Tú.

—Eso no es posible.

—Míralo.

Alex observó.

—¿Qué hiciste?

—Nada.

—¡¿Qué hiciste?!

Tariq dio un paso atrás.

—Yo encontré el proyecto.

—¿Qué proyecto?

—El programa de soldados mejorados.

Alex quedó en silencio.

—Fue creado por varios gobiernos antes de ser oficialmente cancelado.

—Eso es mentira.

—¿Seguro?

Tariq señaló la cápsula.

—Pregúntale a tu comandante.

Alex activó el comunicador.

—Comandante.

Nada.

—Comandante, responde.

Silencio.

Tariq sonrió.

—Ahora lo entiendes.

Alex bajó lentamente el arma.

—¿Qué?

—Te enviaron aquí porque sabían lo que encontrarías.

Alex negó.

—No.

—Sí.

—Mi comandante no sabía nada.

Tariq respondió:

—Tu comandante sabe exactamente quién eres.

Alex comenzó a respirar con dificultad.

—¿Por qué me enviaron solo?

Tariq se acercó.

—Porque si enviaban un equipo, todos habrían descubierto la verdad.

Alex miró la cápsula.

—¿Cuántos hay?

Tariq no respondió.

Alex insistió.

—¿Cuántos?

Tariq señaló una puerta detrás de ellos.

—Mira.


El ejército de los dobles

La puerta se abrió.

Alex quedó completamente paralizado.

Detrás había un enorme laboratorio.

Cientos de cápsulas.

Y dentro de cada una…

un hombre.

Todos tenían el mismo rostro.

El rostro de Alex.

Diferentes edades.

Diferentes cicatrices.

Diferentes uniformes.

Pero el mismo rostro.

Alex retrocedió.

—No.

Tariq lo observó.

—Ahora entiendes por qué necesitábamos que vinieras.

—¿Para qué?

—Para despertarlos.

Alex miró las cápsulas.

—¿Por qué yo?

Tariq respondió:

—Porque eres el original.

Alex quedó inmóvil.

—¿El original?

—Sí.

—Entonces…

Tariq asintió.

—Todos los demás fueron creados a partir de ti.

Alex sintió que algo dentro de su mente comenzaba a romperse.

Recuerdos.

Imágenes.

Voces.

Una habitación blanca.

Personas con batas.

Una niña.

Una explosión.

Un hombre diciendo:

«El sujeto sobrevivió.»

Alex cerró los ojos.

Una migraña intensa atravesó su cabeza.

Cayó de rodillas.

Tariq no se movió.

—Recuerda.

Alex gritó.

—¡Cállate!

—Recuerda quién eras.

Alex levantó la cabeza.

—Yo no soy un experimento.

Tariq respondió:

—No.

Hizo una pausa.

—Eres el resultado.


La traición

De repente, las puertas del laboratorio se abrieron.

Entraron soldados.

Alex apuntó hacia ellos.

Pero bajó el arma inmediatamente.

Reconoció el uniforme.

Era el de las fuerzas internacionales.

Su propio gobierno.

El comandante apareció al frente.

Alex lo miró.

—¿Tú?

El comandante permaneció serio.

—Alex.

—¿Desde cuándo sabías?

Silencio.

—Desde el principio.

Alex sintió una mezcla de rabia y decepción.

—¿Me utilizaste?

—Te protegimos.

—¡Me mentiste!

—Porque si recordabas demasiado pronto, el programa habría terminado.

Alex señaló las cápsulas.

—¿Qué es todo esto?

El comandante respondió:

—Una amenaza que nunca debió existir.

Tariq comenzó a reír.

—Ahora dile la verdad.

El comandante lo miró.

—No.

Alex preguntó:

—¿Qué verdad?

El comandante respiró profundamente.

—Tú no fuiste creado para ser soldado.

Alex quedó inmóvil.

—¿Entonces?

—Fuiste creado para ser el primer humano capaz de sincronizarse con una inteligencia artificial militar experimental.

Alex miró las cápsulas.

—¿Y ellos?

—Copias biológicas.

—¿Para qué?

El comandante respondió:

—Para crear un ejército que no pudiera ser derrotado.

Tariq intervino:

—Y yo encontré el laboratorio antes de que pudieran destruirlo.

Alex lo miró.

—Entonces ¿por qué eres mi enemigo?

Tariq sonrió.

—Porque alguien tiene que decidir qué hacer con un ejército así.


El despertar

Una alarma comenzó a sonar.

El comandante miró su dispositivo.

—No.

Alex preguntó:

—¿Qué pasa?

—El sistema está iniciando automáticamente.

—¿Qué sistema?

El comandante miró las cápsulas.

—Todos.

Las luces comenzaron a encenderse.

Una.

Dos.

Tres.

Decenas.

Después cientos.

Los cuerpos dentro de las cápsulas comenzaron a moverse.

Alex retrocedió.

—Detén esto.

El comandante negó.

—Ya no puedo.

Tariq sonrió.

—Nadie puede.

La primera cápsula se abrió.

Un hombre idéntico a Alex salió lentamente.

Después otra.

Otra.

Otra.

Cientos de hombres comenzaron a salir.

Todos miraron a Alex.

Todos dijeron exactamente lo mismo:

Identificar original.

Alex quedó paralizado.

El comandante levantó su arma.

—Alex…

—¿Qué?

—Corre.

—¿Por qué?

El comandante miró a los cientos de copias.

—Porque ya no sabemos cuál de ustedes es el verdadero.

Alex miró a Tariq.

Tariq también parecía sorprendido.

—Eso no estaba en el plan.

Alex frunció el ceño.

—¿Qué plan?

Tariq retrocedió.

—El sistema debía reconocer tu señal.

Alex miró su brazo.

Una luz comenzó a aparecer debajo de su piel.

El mismo símbolo que había visto en la puerta.

SUJETO ORIGINAL DETECTADO.

Todos los clones quedaron inmóviles.

Después giraron simultáneamente hacia Tariq.

Tariq perdió la sonrisa.

—No…

Alex entendió.

—No me estaban esperando a mí.

Tariq retrocedió.

—Alex…

—Te estaban esperando a ti.

Los cientos de soldados avanzaron.

Tariq corrió.


La pesadilla acababa de comenzar

Alex no lo siguió.

Se quedó mirando a las copias.

Uno de ellos se acercó.

Tenía su mismo rostro.

Su misma voz.

—¿Quién eres?

Alex respondió:

—No lo sé.

El otro inclinó la cabeza.

—¿Quién es el enemigo?

Alex miró hacia donde había escapado Tariq.

—Todavía no lo sé.

Entonces el comandante se acercó.

—Alex.

—¿Sí?

—Hay algo más.

Alex lo miró.

—¿Qué?

El comandante señaló el techo.

—La base no está sola.

Alex activó su visor.

Miles de señales aparecieron debajo de la montaña.

—¿Qué es eso?

El comandante respondió:

—No son soldados.

—Entonces ¿qué son?

—Naves.

Alex levantó la mirada.

—¿Naves?

—Sí.

—¿Cuántas?

El comandante tragó saliva.

—Demasiadas.

Un sonido gigantesco atravesó la montaña.

El suelo comenzó a temblar.

Las paredes se agrietaron.

Tariq reapareció corriendo por el corredor.

Ya no parecía arrogante.

Parecía aterrorizado.

—¡Alex!

El agente se giró.

—¿Qué?

—¡Tienes que detenerlos!

—¿A quiénes?

Tariq señaló el techo.

—A ellos.

Alex frunció el ceño.

—¿Quiénes son?

Tariq respondió:

—Los verdaderos dueños del proyecto.

Una explosión sacudió la instalación.

Las luces se apagaron.

Un enorme ruido metálico atravesó el techo.

Algo estaba descendiendo.

Algo demasiado grande.

Alex levantó la mirada.

El comandante susurró:

—Dios mío…

Una enorme estructura comenzó a atravesar la montaña.

No era una nave humana.

Era negra.

Lisa.

Sin ventanas.

Sin motores visibles.

En el centro tenía exactamente el mismo símbolo que aparecía en el pecho de Alex.

La nave se detuvo sobre la base.

Todas las copias dejaron de moverse.

Alex sintió un extraño dolor en el pecho.

La luz debajo de su piel aumentó.

Entonces una voz desconocida apareció directamente en su mente.

«SUJETO ORIGINAL LOCALIZADO.»

Alex cerró los ojos.

—¿Quién eres?

La voz respondió:

«TU CREADOR.»

Alex abrió los ojos.

El comandante palideció.

—¿Qué escuchaste?

Alex no respondió.

La voz volvió a hablar.

«HA PASADO MUCHO TIEMPO.»

Alex miró hacia el techo.

—¿Qué quieres de mí?

La respuesta fue inmediata.

«NO QUEREMOS NADA DE TI.»

Silencio.

«QUEREMOS QUE REGRESES.»

Alex sintió un escalofrío.

—¿Regresar adónde?

La voz respondió:

«A CASA.»

Las paredes comenzaron a vibrar.

Los cientos de copias se arrodillaron simultáneamente.

El comandante levantó su arma.

Tariq retrocedió.

Alex permaneció de pie.

Entonces una puerta apareció en medio del laboratorio.

No estaba allí un segundo antes.

Se abrió lentamente.

Detrás había una luz blanca.

Y una silueta.

Un hombre salió.

Tenía el mismo rostro de Alex.

Pero parecía tener más de cien años.

Alex quedó completamente paralizado.

El anciano lo miró.

Sonrió.

Y dijo:

—Finalmente regresaste, hijo.

Alex no pudo hablar.

El comandante bajó lentamente su arma.

Tariq susurró:

—No puede ser…

El anciano miró a todos.

Después señaló a Alex.

—Él es el primero.

Alex respiró profundamente.

—¿Primero de qué?

El anciano sonrió.

—Del ejército que va a decidir quién gobernará la Tierra.

Las luces se apagaron nuevamente.

Y cuando volvieron…

el anciano había desaparecido.

Pero sobre el pecho de cada uno de los cientos de soldados apareció el mismo símbolo.

El símbolo de Alex.

El comandante miró al agente.

—¿Qué hacemos?

Alex observó al ejército.

Después miró hacia la enorme nave sobre ellos.

Y respondió:

—Primero descubriremos quién está realmente detrás de todo esto.

Una voz volvió a escucharse dentro de su cabeza.

«Demasiado tarde.»

Alex levantó la mirada.

Miles de luces comenzaron a aparecer sobre la montaña.

No eran una nave.

Ni diez.

Ni cien.

Era una flota completa.

Y todas estaban descendiendo hacia la Tierra.

Continuará…

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