El Archimago supremo disfrazado 😱⚡👇

Publicado por emontero el

RESUMEN BREVE: En la prestigiosa Academia Mágica de Asgard, los estudiantes de la realeza desprecian a quienes no tienen poderes. Leonardo, un noble arrogante, humilla y agrede a Lucas, un joven que trabaja como un simple conserje barriendo los pasillos. Creyéndose invencible, Leonardo utiliza un hechizo prohibido llamado «Pacto de Sangre» para destruir al plebeyo frente a todos. Lo que el orgulloso estudiante ignora es que acaba de cometer el error más grande de su vida. El humilde conserje resulta ser el poderoso Archimago que fundó la academia, quien se había disfrazado para evaluar el corazón de sus alumnos, y ahora desatará un karma fulminante.

Los muros de la Academia Mágica de Asgard habían albergado a los hechiceros más poderosos durante siglos. Entre sus pasillos de piedra gótica, el estatus lo era todo. Si nacías en una cuna noble, eras un dios; si nacías sin magia, apenas eras útil para barrer el polvo de las bibliotecas.

Lucas, un joven de apariencia cansada y túnica marrón desgastada, conocía bien su lugar. O al menos, eso es lo que dejaba que todos creyeran.

Esa mañana, mientras Lucas limpiaba el patio principal, el joven Leonardo, el estudiante más arrogante y prometedor de la academia, decidió que el conserje era una molestia visual.

—¡Eres un simple conserje de basura! —le gritó Leonardo, haciendo ondear su costosa capa de terciopelo púrpura frente a decenas de estudiantes que se detuvieron a observar—. ¿Cómo te atreves a mirar a mi prometida? Los plebeyos sin magia como tú solo sirven para limpiar mis botas. ¡Te voy a destruir!

Lucas se encogió de hombros, aferrándose a su escoba de madera, aparentando puro terror.

—Por favor, Señor Leonardo —suplicó el conserje—. Yo solo estaba limpiando el pasillo. No he ofendido a nadie, no tengo poderes para defenderme de sus ataques.

El Pacto Condenatorio

Lejos de sentir piedad, la súplica del conserje alimentó el ego monstruoso de Leonardo. El joven noble levantó las manos, y un aura mágica comenzó a arremolinarse a su alrededor. De un golpe limpio, derribó los libros que Lucas llevaba en el bolsillo.

—¡Cállate, basura! —bramó Leonardo, mientras un círculo de luz dorada se formaba bajo sus pies—. Quemo mi propia esencia de maná para obligarte a un Pacto de Sangre. ¡Hoy morirás como el gusano que eres y nadie podrá evitarlo!

El «Pacto de Sangre» era un duelo mágico absoluto: el ganador tomaba la vida y la magia del perdedor. Era una condena a muerte para un simple humano sin poderes.

Pero Lucas ya no estaba temblando.

El despertar del Dios

La postura encorvada del conserje desapareció por completo. Se irguió con una majestad que hizo retroceder a los estudiantes. Cuando Lucas abrió los ojos, estos ya no eran de un castaño opaco; brillaban con una luz azul cegadora y divina, una energía mágica tan inmensa que hizo temblar las torres de la academia.

—El Pacto está sellado… —dijo Lucas, con una voz que resonó como un trueno en la mente de todos los presentes—. Pero te equivocaste de rival, muchacho.

El aura de Leonardo comenzó a parpadear, fallando ante la presión abrumadora de la energía de Lucas.

—Soy el Archimago que fundó esta academia —continuó Lucas, revelando su verdadera identidad—. Me disfracé de conserje para probar el corazón de mis alumnos. Y tú, Leonardo, has fallado miserablemente.

El precio de la arrogancia

Las rodillas de Leonardo cedieron y se desplomó sobre los fríos adoquines del patio. Intentó lanzar un hechizo, pero no ocurrió nada.

—Tu arrogancia será tu fin —sentenció el Archimago, mirándolo desde arriba con frialdad—. Al invocar el Pacto de Sangre contra mí, las leyes de la magia son claras: toda tu magia ahora me pertenece. Estás expulsado de mi academia y vivirás el resto de tus días como el plebeyo que tanto despreciabas.

El noble lloró desesperadamente mientras su preciado maná abandonaba su cuerpo para siempre. Esa mañana, la academia aprendió la lección más importante de todas: la verdadera magia no reside en la ropa lujosa ni en la sangre azul, y la arrogancia es el veneno más rápido para destruir tu propio destino.

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