Un Ataque Directo al Corazón del Grupo Pérez

El mundo corporativo de Riviera es tan despiadado como un campo de batalla, y la directora Natalia Pérez acaba de descubrirlo de la peor manera. En un asalto coordinado y letal, más de veinte almacenes de suministros médicos del Grupo Pérez fueron saqueados en una sola noche, resultando en pérdidas que superan los dos mil millones.
Pero el robo fue solo la primera fase del plan. Inmediatamente después, las acciones de la compañía comenzaron a sufrir ventas en corto masivas, desplomando su valor en un 25% en cuestión de horas. Detrás de este ataque orquestado se encuentra la temida Alianza Montañas y Ríos, un sindicato que controla más de la mitad del poder en la ciudad.
El ultimátum fue claro: o entregan la fórmula de la codiciada Medicina Celestial y todas sus patentes farmacéuticas en tres días, o el Grupo Pérez dejará de existir.
La Audacia de un Guardaespaldas Diferente
Mientras la junta directiva y los aliados tradicionales de los Pérez daban la batalla por perdida, Carlos, el guardaespaldas personal de Natalia, decidió tomar el asunto en sus propias manos. Carlos no es un empleado de seguridad común; es un artista marcial formidable capaz de humillar a los mejores guerreros de familias rivales sin siquiera transpirar.
Demostrando una audacia inigualable, Carlos se infiltró en la mismísima sede central de la Alianza Montañas y Ríos. ¿Su método? Entrar por la ventana del rascacielos directamente a la oficina privada del líder del sindicato, Rubén López.
Rubén, un hombre que se jacta de hacer «el trabajo sucio» para la poderosa familia Hernández, se encontró cara a cara con su peor pesadilla mientras disfrutaba de un puro Cohiba de edición especial.
La Trampa Mortal y el Secreto Revelado
Al verse acorralado por el guardaespaldas que previamente había desmantelado la seguridad de la familia Álvarez, Rubén activó su última línea de defensa: un sistema de gas venenoso oculto en su escritorio.
La habitación se llenó rápidamente de «Polvo Celestial», una toxina incolora e inodora con una concentración del 70%. Según el propio líder criminal, este gas paraliza los nervios gradualmente y causa una muerte agónica en menos de tres minutos. Rubén, protegido por un antídoto previo, se sentó a esperar que Carlos colapsara con los ojos abiertos de terror.
Pero los minutos pasaron y Carlos ni siquiera parpadeó.
«La primera lección que me enseñó mi Maestro fue: ‘Nunca bajes la guardia, nada en el mundo es más traicionero que el veneno’. Soy inmune a cualquier veneno.»
Ante la escalofriante revelación de que su toxina más letal era completamente inútil, la arrogancia de Rubén se desmoronó. En un acto de desesperación, el líder de la mafia sacó un arma de fuego, apuntando directamente a la cabeza del guardaespaldas inmortal.
¿Serán las balas suficientes para detener a un hombre que respira veneno como si fuera aire puro? La Alianza Montañas y Ríos está a punto de descubrir que provocaron al hombre equivocado.
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