Le dispararon al soldado en el pecho sin imaginar que el impacto acabaría con ellos

Resumen breve:
Valentín era un soldado de élite poseedor de una reliquia mística ancestral conocida como el «Espejo del Alma», un artefacto integrado en su armadura que reflejaba inmediatamente cualquier agresión o daño físico recibido hacia sus atacantes. Un grupo de mercenarios rivales lo emboscó en un almacén abandonado creyéndolo indefenso. Al dispararle a quemarropa en el pecho, la bala cayó al suelo intacta mientras todos los miembros del escuadrón cayeron al piso víctimas del dolor reflejado.
Descripción:
Los mercenarios pensaron que habían acorralado a un soldado herido y sin escapatoria. No sabían que bajo su armadura descansaba una reliquia capaz de devolver cada agresión a quien se atreviera a atacarlo. Cuando apretaron el gatillo, descubrieron demasiado tarde que habían elegido al enemigo equivocado.
La emboscada
La lluvia golpeaba con fuerza los techos oxidados del viejo distrito industrial.
Eran casi las dos de la madrugada.
Las calles estaban vacías.
Los edificios abandonados parecían esqueletos de una ciudad que había dejado de existir.
En uno de ellos, un antiguo almacén de maquinaria permanecía completamente oscuro.
Valentín caminaba lentamente por uno de los pasillos.
Su uniforme estaba cubierto de polvo.
Tenía un corte sobre la ceja.
Respiraba con dificultad.
Y su arma había desaparecido durante la persecución.
Parecía estar herido.
Parecía cansado.
Parecía indefenso.
Pero eso era exactamente lo que sus enemigos querían creer.
Desde una plataforma metálica ubicada varios metros arriba, seis hombres lo observaban.
Todos llevaban armas.
Todos eran mercenarios.
Y todos habían recibido la misma orden:
Eliminar a Valentín antes del amanecer.
El líder del grupo, conocido como Rivas, levantó dos dedos.
Los demás prepararon sus armas.
—¿Está seguro de que es él? —susurró uno.
Rivas miró por la mira telescópica.
—Es él.
—Pensé que estaría mejor protegido.
Rivas sonrió.
—Ya no.
Miró nuevamente al soldado.
—Dicen que es una leyenda.
Uno de los mercenarios soltó una risa.
—Las leyendas también mueren.
Rivas respondió:
—Esta noche vamos a demostrarlo.
Un soldado aparentemente derrotado
Valentín llegó al centro del almacén.
Se detuvo.
Miró hacia las sombras.
—Sé que están aquí.
Nadie respondió.
Rivas hizo una señal.
Las luces se encendieron.
Seis armas apuntaron directamente hacia Valentín.
El soldado levantó lentamente las manos.
—Parece que me encontraron.
Rivas descendió por una escalera metálica.
—Se acabó, Valentín.
El soldado lo miró.
—¿Quién te envió?
—No importa.
—Siempre importa.
Rivas se acercó.
—Entregaste a demasiada gente.
—Ellos intentaron destruir mi unidad.
—Y ahora tú vas a pagar.
Valentín sonrió ligeramente.
—¿Estás seguro?
Rivas frunció el ceño.
—¿De qué?
—De que quieres hacer esto.
Rivas levantó su arma.
—No tengo miedo de ti.
Valentín bajó las manos.
—Deberías.
Rivas hizo un gesto.
Dos mercenarios se acercaron y golpearon a Valentín.
Uno le dio un puñetazo en el abdomen.
El otro le golpeó el rostro.
Valentín cayó de rodillas.
Los mercenarios comenzaron a reír.
Rivas se acercó.
—¿Dónde está tu famosa fuerza ahora?
Valentín levantó la cabeza.
—No necesito fuerza.
—¿Entonces qué necesitas?
Valentín miró la pequeña pieza metálica ubicada en el centro de su pecho.
Era apenas visible debajo de la armadura.
—Que ustedes cometan un error.
El Espejo del Alma
Muchos años antes, Valentín había encontrado una reliquia en unas ruinas enterradas bajo una montaña.
Los antiguos documentos hablaban de ella como el Espejo del Alma.
No era un escudo.
No era una armadura.
Era algo mucho más extraño.
Una pieza circular de material desconocido que parecía reaccionar ante la energía vital de quien la utilizaba.
Su poder tenía una regla sencilla.
Todo daño recibido podía regresar a quien lo provocara.
Pero existía una condición.
El portador debía aceptar el impacto.
No podía esquivarlo.
No podía bloquearlo.
Debía recibirlo.
Por eso Valentín había aprendido a soportar golpes que habrían derribado a cualquier otro soldado.
El dolor era el precio.
La devolución era el castigo.
Y aquella noche necesitaba que sus enemigos creyeran que el artefacto no funcionaba.
El disparo
Rivas perdió la paciencia.
—Terminen esto.
Uno de los mercenarios levantó el rifle.
Valentín no se movió.
—Última oportunidad —dijo Rivas—. ¿Tienes algo que decir?
Valentín miró directamente al líder.
—Sí.
Rivas esperó.
Valentín sonrió.
—Acabas de cometer el peor error de tu vida.
Rivas hizo una señal.
—Dispara.
El mercenario apretó el gatillo.
¡BANG!
La bala salió disparada.
Atravesó el aire.
Golpeó directamente el pecho de Valentín.
Por una fracción de segundo, nadie se movió.
El impacto produjo un destello.
Valentín retrocedió medio paso.
Después…
Silencio.
La bala cayó al suelo.
Clang.
Pero estaba intacta.
No había penetrado.
No había sangre.
No había herida.
Rivas abrió los ojos.
—¿Qué…?
Entonces escucharon un grito.
El mercenario que había disparado cayó de rodillas.
Se llevó las manos al pecho.
—¡AAAAH!
Los demás retrocedieron.
—¿Qué le pasa?
El hombre cayó al suelo.
Otro mercenario comenzó a gritar.
Después otro.
Y otro.
En menos de cinco segundos, los seis hombres estaban en el suelo.
Se retorcían de dolor.
Rivas cayó de rodillas.
—¡¿Qué nos hiciste?!
Valentín permanecía de pie.
Respiraba lentamente.
—Nada.
Miró la bala en el suelo.
—Solo dejé que ustedes mismos se lo hicieran.
El miedo cambió de bando
Los mercenarios intentaban levantarse.
No podían.
El dolor era insoportable.
Uno de ellos comenzó a llorar.
—¡Ayúdenme!
Valentín caminó entre ellos.
—¿Ahora quieren ayuda?
Rivas lo miró con terror.
—¿Qué eres?
Valentín no respondió.
Rivas intentó alcanzar su arma.
Valentín puso un pie sobre ella.
—No.
—¡Por favor!
—Hace un minuto no querías que yo viviera.
—No sabía…
—Ese es el problema.
Valentín se inclinó.
—Nunca se toman el tiempo de saber contra quién están peleando.
Rivas respiraba con dificultad.
—¿Qué hay en tu pecho?
Valentín tocó la pieza metálica.
—Una advertencia.
—¿Una advertencia?
—Sí.
Valentín levantó la mirada.
—Para quienes creen que la violencia siempre pertenece al más fuerte.
Pero algo salió mal
Valentín estaba a punto de marcharse cuando escuchó un sonido.
Un pitido.
Miró su armadura.
El pequeño artefacto del pecho había comenzado a emitir una luz roja.
Valentín quedó serio.
—No.
Uno de los mercenarios lo observó.
—¿Qué pasa?
Valentín no respondió.
El pitido aumentó.
Piiiiip.
Piiiiip.
Una pantalla diminuta apareció en su antebrazo.
Una cifra comenzó a descender.
10
9
8
Valentín abrió los ojos.
—¿Qué demonios…?
7
6
Rivas intentó incorporarse.
—¿Qué está pasando?
Valentín miró hacia el techo.
—El Espejo no está devolviendo solamente el daño.
5
4
Una vibración recorrió todo el edificio.
Los vidrios comenzaron a romperse.
3
Valentín retrocedió.
—Está absorbiendo algo más.
2
Una luz blanca comenzó a salir de su pecho.
1
Todo quedó completamente oscuro.
La explosión que nadie esperaba
Una onda de energía atravesó el almacén.
No hubo fuego.
No hubo humo.
Simplemente una fuerza invisible que lanzó a todos los presentes contra las paredes.
Valentín cayó de rodillas.
El símbolo del Espejo brillaba intensamente.
Entonces escuchó una voz.
No provenía de ningún hombre.
No provenía de ningún dispositivo.
Parecía venir directamente de su cabeza.
«PORTADOR IDENTIFICADO.»
Valentín levantó la mirada.
—¿Quién eres?
La voz respondió:
«SISTEMA DE DEFENSA ACTIVADO.»
Valentín sintió un escalofrío.
—¿Defensa contra quién?
La voz permaneció en silencio durante unos segundos.
Entonces respondió:
«CONTRA ELLOS.»
Las paredes del almacén comenzaron a vibrar.
Rivas miró hacia arriba.
—¿Ellos quiénes?
Valentín no sabía qué responder.
Entonces el techo se abrió.
Una enorme luz apareció sobre el edificio.
Los mercenarios quedaron paralizados.
Valentín observó el cielo.
Había una estructura suspendida sobre ellos.
No era un helicóptero.
No era un avión.
No era tecnología humana.
Era una gigantesca nave negra.
Y tenía el mismo símbolo que el Espejo.
Valentín retrocedió.
—Eso no puede ser.
Rivas preguntó:
—¿Qué es?
Valentín respondió:
—No lo sé.
La nave comenzó a descender.
Una voz retumbó sobre toda la zona.
—ENTREGUEN AL PORTADOR.
Valentín miró su armadura.
El Espejo comenzó a brillar nuevamente.
—¿Quién eres? —gritó hacia el cielo.
La respuesta hizo que el soldado quedara completamente inmóvil.
—TU CREADOR.
La verdad detrás de la reliquia
La nave abrió una enorme compuerta.
Una figura descendió lentamente.
No parecía completamente humana.
Tenía una armadura oscura y unos ojos que brillaban con una luz blanca.
Los mercenarios comenzaron a retroceder.
Valentín levantó su arma.
—No voy a entregarme.
La criatura lo observó.
—No tienes elección.
Valentín activó el Espejo.
La luz cubrió todo su cuerpo.
—Siempre tengo elección.
La criatura sonrió.
—Eso también fue programado.
Valentín quedó desconcertado.
—¿Qué dijiste?
La criatura se acercó.
—Tu fuerza.
—…
—Tu resistencia.
—…
—Tu capacidad para soportar dolor.
La criatura señaló el Espejo.
—Todo fue diseñado.
Valentín sintió que el mundo se detenía.
—¿Diseñado por quién?
La criatura respondió:
—Por nosotros.
Valentín apretó los puños.
—¿Quiénes son ustedes?
La criatura levantó la mirada hacia el cielo.
—Los primeros habitantes de este planeta.
Valentín negó.
—Eso es imposible.
—Nosotros estuvimos aquí antes que ustedes.
La criatura señaló el Espejo.
—Y lo construimos para elegir a nuestro próximo guardián.
Valentín miró la reliquia.
—¿Por qué me eligió a mí?
La criatura permaneció en silencio.
Después dijo:
—Porque eres diferente.
Valentín levantó su arma.
—¿Diferente cómo?
La criatura respondió:
—Porque eres el primer humano capaz de utilizar el Espejo sin morir.
La última revelación
Valentín observó a los mercenarios.
Todos estaban aterrorizados.
Pero entonces Rivas comenzó a reír.
Valentín lo miró.
—¿Qué te parece tan gracioso?
Rivas levantó lentamente la cabeza.
—Porque ellos cometieron el mismo error que nosotros.
Valentín frunció el ceño.
—¿Qué error?
Rivas sonrió.
—Pensar que tú eras el objetivo.
Valentín quedó inmóvil.
La criatura miró a Rivas.
Por primera vez, pareció sorprendida.
—¿Qué sabes?
Rivas comenzó a reír nuevamente.
—Todo.
Valentín se acercó.
—Habla.
Rivas lo miró.
—La misión nunca fue matarte.
—¿Entonces?
—Era despertarte.
Valentín sintió un escalofrío.
Miró el Espejo.
La reliquia comenzó a emitir una luz mucho más intensa.
Rivas continuó:
—Ellos necesitaban que recibieras el disparo.
Valentín retrocedió.
—¿Por qué?
Rivas señaló el cielo.
—Porque el impacto era la señal que estaban esperando.
La nave comenzó a abrirse por completo.
Decenas de luces aparecieron en el cielo.
Una tras otra.
Luego cientos.
Valentín levantó la mirada.
El cielo estaba lleno de naves.
La criatura se acercó a él.
—Ahora comprendes.
Valentín preguntó:
—¿Comprender qué?
La criatura respondió:
—El Espejo del Alma nunca fue creado para protegerte.
La luz de la reliquia cubrió completamente al soldado.
—Fue creado para anunciar nuestro regreso.
Valentín observó el cielo.
Miles de luces descendían hacia la ciudad.
Y entonces comprendió que el disparo que había recibido aquella noche no había sido un intento de asesinato.
Había sido una llamada.
Una llamada que acababa de despertar a algo que llevaba siglos esperando.
Valentín cerró los puños.
—Entonces cometieron un error.
La criatura sonrió.
—¿Cuál?
Valentín levantó la mirada.
—Despertaron al hombre equivocado.
El Espejo explotó en una intensa luz.
Las naves se detuvieron.
Y, por primera vez, las criaturas del cielo parecieron sentir miedo.
Porque acababan de descubrir algo que tampoco sabían:
el Espejo no solo podía devolver el daño.
También podía devolver el poder de quien lo atacara.
Y Valentín acababa de recibir la energía de toda una flota.
Continuará…
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